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This article was written on 01 May 2009, and is filled under Uncategorized.

La soja de los años de la revolución

Tengo pocas memorias de la infancia sobre el brote de soja. Recién cuando llegamos a Argentina comenzamos a incorporarlo en las comidas. Gran parte de la razón era por mi madre, la cocinera de la casa.

Siempre le trate de preguntar porque no lo comíamos, simplemente, me decía: “no me gusta.”  Sin mayor detalle ni explicación. Hasta que mucho después, finalmente, me contó su historia.

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Me contó entonces que lo detestaba porque fue lo único que podía comer durante los años de la revolución cultural. A fuerza de la falta de alimentos, y la hambruna, tenían pocas opciones: soja, harina, soja, harina, y más soja y harina. Por eso también se convirtió en especialista de los productos derivados de harina.

La falta de aceite, los obligaba a comerlos casi al hervido, lo cual, distaba mucho de tener el mismo sabor y aroma que el rico chop suey o salteadito de verdura en los tiempos modernos. Un poco de sal ya era casi de lujo.

Esos años fueron duros. A causa de las acusaciones del gobierno y el fuerte movimiento social anti-burgueses, mi abuela fue enviada al más remoto pueblo para trabajar en el campo. Decían que necesitaba ser reformada. Mi madre decidió acompañarla, por propia decisión teniendo apenas 10 años. Así, paso casi una gran parte de la adolescencia en el “reformatorio” con la soja y bolsas y bolsas de harinas. Quizás por todo lo que sufrieron, la generación de mi madre solían relacionar la desnutrición con la soja.

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A mí en cambio, me encanta la soja. Me gusta ese lado crocante y el gusto salteado, y su gran simpleza. En parte también me gusta porque es una de los pocos vegetales de los que estuve presente en el momento de su crecimiento, producción. Con mi padre, durante nuestros primeros años de inmigrante, fermentábamos nosotros la soja, a partir de los distintos brotes de sojas comprados. Solo basta dejarlo en un gran recipiente con suficiente agua, y ya esta. No hace falta ni sacarlo al sol. Por eso, frecuentemente decimos ??? (Fu dòu yá) a aquellas personas que se quedan siempre en casa, sea porque no tienen trabajo o porque no tiene ganas de salir.

Los chinos siempre dicen que 3 años es un gap de generación. Difícilmente voy a poder entender a mi madre, entender por todo lo que paso. Pero lo que nunca olvidaré es el dolor que se escapa en su mirada cuando habla de esa época.

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